Lecciones aprendidas del cánc

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El cáncer es una enfermedad insidiosa que afecta a demasiadas personas. Cuando te enfrentas a esta enfermedad, básicamente tienes dos opciones: pasar por la experiencia de patear y gritar o aprender y crecer a través de la enfermedad.

El cáncer me ha enseñado que necesito establecer límites en mi vida. Aprendí a cuidar mis necesidades primero, porque sin una mente y un cuerpo sanos y fuertes, no puedo hacer lo mejor para nadie más.

El cáncer me ha enseñado que nunca debemos dar por sentado una buena salud. Solía ​​ser como muchas otras personas cuando decía: “Todo lo que quiero es un bebé sano” o “La vida no es nada sin tu salud”. Por supuesto, lo digo en serio. Pero, realmente no entendí la magnitud de estas declaraciones hasta que mi propia lucha contra el cáncer.

Soy un gran creyente de que los mejores médicos tienen un fino sentido de la intuición. Hay ocasiones en las que solo saben que tienen que alejarse de los datos y seguir su instinto. Pero, incluso la intuición tiene su base de hecho. Si nosotros, como pacientes, no nos tomamos el tiempo para decirle a nuestro médico todos los síntomas que estamos experimentando, él o ella no tiene toda la información que necesitan para hacer un diagnóstico adecuado.

He aprendido que el espíritu humano es virulento. Me emociona ver que muchas de las escuelas de medicina de nuestra nación reconocen ahora el espíritu humano en sus clases. Han aprendido que los sistemas de apoyo sólidos, una buena actitud y la oración afectan la supervivencia general de sus pacientes. Reconocen que no solo la ciencia, sino también el espíritu humano, puede afectar el futuro de un paciente.

Durante años, la medicina alternativa (terapia de masajes, nutrición adecuada, medicina quiropráctica) no se consideró como parte de la medicina convencional. Pero, hoy en día, más y más médicos están empezando a entender su poder. Como tal, los estudiantes de las escuelas de medicina de todo el país están aprendiendo sobre medicina alternativa dentro del currículo de su curso. Los oncólogos ahora lo pondrán en contacto con nutricionistas o lo enviarán a quiroprácticos para ayudar a aliviar su dolor.

Me sorprende lo mucho más complaciente que soy de gente gruñona en estos días. Principalmente, esto se debe a la realización de que no sé lo que está pasando en sus vidas personales. Pueden estar librando su propia batalla contra el cáncer. Pueden estar luchando con un divorcio, la muerte o la pérdida de un empleo. Tener cáncer me ha enseñado a ser más tolerante con las personas y a aceptar que pueden estar cargando con una carga de problemas que desconocemos.

De todas las lecciones que el cáncer me ha enseñado, la conclusión es la siguiente: todos podemos hacer de nuestro mundo un lugar mejor para vivir si solo echamos una mano a los necesitados.

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